Soluciones técnicas para reparar y sellar una junta de dilatación de hormigón deteriorada

Las juntas de dilatación son, paradójicamente, el punto más fuerte y a la vez el más débil de un pavimento de hormigón. Son esenciales para evitar grietas estructurales, pero también son las primeras en sufrir el desgaste. Un sellado deteriorado es una puerta abierta a filtraciones y daños severos. En este artículo detallamos el protocolo técnico para sanear y sellar estas juntas, devolviendo la integridad operativa a tu suelo antes de que el daño sea irreversible.

Para reparar eficazmente, primero hay que entender la función. El hormigón es un material vivo que se expande y contrae con los cambios térmicos. Las juntas de dilatación son cortes estratégicos que permiten este movimiento sin que la losa se fracture descontroladamente.

Sin embargo, el tráfico rodado constante, especialmente de carretillas elevadoras o vehículos pesados, y la exposición a productos químicos o la intemperie degradan el material de sellado original. Cuando este sello falla, ocurren dos problemas graves:

  1. Erosión de la base: el agua y los químicos penetran en la subbase, debilitando el soporte del suelo. 
  2. Rotura de los labios: al perder la masilla elástica, los bordes de la junta quedan desprotegidos y se rompen al recibir impactos de ruedas rígidas, creando baches peligrosos.

Fase 1: saneamiento y preparación del soporte

El error número uno en el mantenimiento industrial es aplicar sellador nuevo sobre el viejo. Para una reparación duradera, la limpieza debe ser quirúrgica.

El proceso técnico comienza con el corte y la limpieza mecánica de la junta. Es necesario retirar todo el material antiguo degradado, así como el polvo, grasas o aceites incrustados en los labios de la junta. A menudo, en Reprocan nos encontramos con juntas donde la suciedad ha impedido el movimiento natural de la losa; por ello, realizamos un corte paralelo para sanear los bordes y recuperar la anchura original necesaria para la dilatación.

Es vital aspirar la zona a fondo. Si queda polvo, el nuevo sellador no se adherirá químicamente a las paredes del hormigón, y la reparación fallará en cuestión de semanas.

Fase 2: reconstrucción de los bordes (si hace falta)

Si la junta ha estado abandonada mucho tiempo, es probable que los bordes estén rotos. Antes de sellar, hay que reconstruir estos labios.

Para ello, se utilizan morteros de reparación de alta resistencia o resinas epoxídicas mezcladas con áridos de sílice. Estos materiales tienen un curado rápido y ofrecen una resistencia mecánica superior a la del propio hormigón original, permitiendo que las carretillas pasen sin provocar nuevos desprendimientos. El objetivo es recuperar la planimetría del suelo para que la rueda no golpee al cruzar la junta.

Fase 3: el sistema de sellado correcto

Una vez saneada y reconstruida la geometría de la junta, procedemos al sellado. Aquí la elección del material es crítica y depende del uso de la nave o zona exterior:

  • Fondo de junta: antes de verter la masilla, se debe introducir un cordón de espuma de polietileno. Su función es controlar la profundidad del sellado y evitar que la masilla se pegue al fondo, permitiendo que trabaje a tracción solo en los laterales.
  • Imprimación: aplicar una imprimación específica en las paredes de la junta es obligatorio para garantizar el anclaje químico del sellador, especialmente si el hormigón tiene cierta antigüedad o porosidad.

Ahora bien, seguramente te estás preguntando qué material de sellado elegir. No existe un sellador universal. Para zonas con fuertes cambios de temperatura o exteriores, los selladores de poliuretano o masillas elásticas son ideales por su alta capacidad de elongación. Sin embargo, para interiores industriales con tráfico pesado y agresiones químicas, las resinas epoxi semirrígidas o polímeros híbridos ofrecen mayor dureza superficial sin perder la capacidad de absorber vibraciones. En Reprocan, analizamos si la prioridad es la flexibilidad térmica o la resistencia al impacto para prescribir la fórmula exacta.

El mantenimiento preventivo supone ahorro a largo plazo

Reparar una junta a tiempo es una operación rápida que apenas interrumpe la actividad. Dejarla deteriorarse conlleva la sustitución de losas enteras o reparaciones estructurales complejas por corrosión de las armaduras internas debido a las filtraciones.

Además, un suelo con juntas sanas cuida de tu maquinaria, ya que reduce el desgaste de las ruedas de las carretillas y las averías en los ejes provocadas por los golpes constantes al pasar por juntas abiertas.

Sellar una junta de dilatación es una intervención técnica que requiere respetar los tiempos de curado, la química de los materiales y la preparación mecánica del soporte. Un trabajo bien ejecutado garantiza la estanqueidad y la operatividad del pavimento durante años.